Yo vivo con el Diablo sentadito en la ventana, tras la puerta, bajo el techo: entre los huesos.
Sarcástico, cínico, enfermo. Con tantas caretas que, a veces, me desconozco y me llamo malo.
Egoísta, transgresor, arrogante, soberbio. Engreído: autómata ante mi flagelo. El que se busca en el espejo y no se mira, no se observa, no se acepta sin el yugo que le arrastra.
Yo me juego el corazón por unos besos. Callado, sumiso, discreto. Con el velo sobre las ausencias; transmutando dolor. Entre cuerpos extraños que me bebo, y no cedo.
Yo me cobijo con estrellas porque callan, porque no abrazan ni me exigen pertenencia. Yo no me rapo el enmaraño por pertenecer, sino por ser. Por estar en un mundo que no es el mío.
Yo no embarro la miel en el camino, la dejo esparcida a conveniencia. No castigo con engaños mi conciencia.
Duermo con la calma bajo el brazo. No me culpo por los corazones en pedazos. Me arrullo entre sirenas y me sumerjo entre ballenas.
Tiro gracias en la mar: que se alimenten los ahogados. Lanzo besos al azar: que se los coman los gusanos.
Yo le canto a la tristeza con las manos, acaricio mis pasiones con los labios. Me miro en la caída, me arriesgo en la salida y, aun así, la esperanza no termina.
Yo me insisto que la muerte no está encima y vivo con la sangre en la mentira. Así camino, con la frente en alto; en los pasos guardo gloria y, en le filito de la lengua, llevo el Diablo.
1 comentario:
Bueno, el texto.
Más que bueno: felicidades.
Publicar un comentario